Admitámoslo: todo el mundo tiene épocas en que es capaz de controlar lo que come y cuidarse más fácilmente y otras en las que, aunque no sepamos exactamente por qué, nos cuesta más evitar picar entre horas y desatender a nuestros horarios en lo que a alimentación se refiere.
Sin embargo, es importante distinguir entre el picoteo entre horas, algo a lo que muchos son aficionados, y la ansiedad, una patología psicológica que puede llegar a dar muchos problemas.

Distinguir a cuál de estos problemas nos enfrentamos es fundamental, aunque la ansiedad puede presentarse de forma puntual, especialmente en los momentos en los que nos sentimos desbordados por una situación problemática o padecemos estrés. Si crees que el problema puede ser preocupante, es esencial que acudas a un especialista que sepa tratar tu trato concreto.

Por el contrario, podemos proponerte una serie de trucos que te ayudarán a mitigar los efectos de la ansiedad. Además de aumentar la ingestión de líquidos, que ayudan a acrecentar la sensación de saciedad, debes reducir todo tipo de alimentos y bebidas excitantes como el chocolate o el café, y aumentar el número de comidas al día, rebajando las cantidades de cada una de ellas y espaciándolas a lo largo del día.

Asimismo, aprender a distinguir entre el hambre real y la conocida como “hambre emocional” no te costará si comienzas a preguntarte antes de comer “¿Tengo hambre realmente? ¿Necesito este pedazo de pan en realidad?”.

Otro tema, sin embargo, es la incapacidad de controlar el picoteo entre horas, algo mucho más habitual de lo que crees y que ocurre con frecuencia a muchos de los que se encuentran a tu alrededor.

Si no te ves capaz de evitarlo, existen una serie de alimentos que puedes utilizar en lugar de los temidos chocolates, bollos, panes y demás clásicos del “picoteo entre horas”. Así, sustitúyelos por las barritas de cereales, con un alto nivel energético y menos calorías, la fruta, las verduras crudas –que conservan así todas sus propiedades y vitaminas-, el arroz inflado, los yogures desnatados, las infusiones o los zumos naturales. Es cuestión de un cambio de hábitos, ¡tú puedes!