Utilizado como ingrediente básico en la cultura azteca miles de años atrás, la semilla de la Chía ha sido incorporada a muchas otras culturas con el paso del tiempo debido a sus increíbles propiedades nutricionales.
Fuente de energía para los guerreros mayas, fue incluso considerada un alimento milagroso, convirtiéndose en uno de los más importantes ingredientes de su dieta hace 3500 años aproximadamente.
Además de ser utilizada como alimento y cosmético –sus usos más habituales- la semilla de la chía también servía como moneda de cambio e incluso como ofrenda a los dioses.
No en vano, estudios científicos posteriores la han confirmado como uno de los alimentos más ricos nutricionalmente, y es que sus beneficios son casi interminables: en primer lugar, su alto aporte en fibra (el doble que cualquier cereal en hoja) lo convierten en un ingrediente muy saciante, lo que lo hace especialmente recomendable para aquellos personas con problemas para regular su tránsito intestinal, que sufren ansiedad por la comida o que, simplemente, intentan perder unos kilos de más.
Además, esta misma cantidad de fibra sirve para regular los niveles de colesterol y glucosa de nuestro cuerpo, así como para nutrir las células del colon. Por si eso fuera poco, otra propiedad resalta sobre las demás.
Cinco veces más calcio es lo que contienen las semillas de Chía con respecto a la leche. Además, presenta más magnesio que el brócoli, y asimilamos en un 800% más su fósforo que el de la leche, ayudándonos así a proteger nuestros huesos y dientes.
Además de sus altos índices de potasio, hierro y selenio, especialmente destacable también es su aporte en Omega-3, un componente vital para la salud de nuestro organismo que, sin embargo, se encuentra en muy pocos alimentos.
Tomada en infusión o usada como ingrediente de productos elaborados, la chía es un componente que, añadido a nuestra dieta, no puede traernos más que beneficios. Ya lo sabes: un arma más para cuidarnos.



