Se ha convertido en uno de los elementos más comunes en los gimnasios y casas de medio mundo desde hace unos años, y es que esta práctica conocida popularmente como “Fitball” o “Pelota suiza” ha sabido unir con éxito deporte y divertimento desde su nacimiento en la década de los setenta.

Para aquellos que todavía no os situéis, el Fitball es directamente identificable con esas grandes pelotas saltarinas que se incorporan a ejercicios clásicos como los abdominales o las flexiones para hacerlos más amenos e igualmente efectivos.

Tonificar los músculos y acabar con problemas tan comunes como la celulitis o la flacidez son sus argumentos de peso, a pesar de que el Fitball está diseñado también para mejorar nuestro equilibrio y coordinación general, para corregir nuestras malas posturas, agilizar nuestros movimientos e incluso para luchar contra problemas relacionados con los lumbares o las cervicales.

Como la mayoría de prácticas ofertadas por los gimnasios a día de hoy, las clases de Fitball suelen tener una duración aproximada de una hora que se desarrolla en tres fases básicas: una primera de estiramientos, la fase de trabajo donde se realizan ejercicios y repeticiones normalmente, al son de una música animada y, finalmente, la sesión de estiramientos posteriores para evitar futuras lesiones y dolores musculares.

Además, el Fitball es una práctica que está diseñada también para ser practicada desde casa con una serie de consejos básicos, con lo que se convierte en el deporte indicado para aquell@s que no dispongan del tiempo necesario para asistir a clases en el gimnasio.

¡Ahora ya no tienes excusa! Incorpora el Fitball a tu vida y verás como, además de ponerte en forma, lo harás divirtiéndote.