Muchas personas creen que el estrés y, básicamente, el llenar de actividades nuestras agendas, puede ayudarnos a perder esos kilitos de más. Nada más lejos de la realidad.
Y es que según se desprende de diversos estudios científicos recientemente publicados, lo que ocurre es completamente lo opuesto: el estrés engorda.
Al parecer, todo tiene una explicación científica muy lógica: en primer lugar, y como es obvio, podemos deducir que en la mayoría de casos el estrés y los nervios en general nos llevan a sufrir cuadros de ansiedad, con lo que a menudo podemos optar por comer compulsivamente.
Pero ahí no acaba el asunto, y es que es una hormona llamada hidrocortisona la encargada de hacer que la grasa, en este tipo de situaciones, tienda a concentrarse en nuestra zona abdominal.
Básicamente, el proceso en el siguiente: ante esas situaciones de estrés tendemos a ingerir más calorías para hacer frente a toda esa actividad que nos satura, momento en el que el cuerpo entiende que debe preparar reservas por si se dan situaciones más extremas en este sentido.
¿La solución? Optar por desarrollar técnicas de relajación o actividades de ocio en la medida de lo posible y, por supuesto, llevar una dieta saludable y dormir las horas necesarias. ¡Solo tú puedes acabar con el estrés que te rodea!



