El verano ya está completamente instalado y, tal y como hemos querido remarcar siempre desde The Soft Experience, nuestros hábitos y cuidados deben cambiar ligeramente durante estos días de más calor.
Uno de los cambios más destacados en este sentido tiene que ver con los líquidos, que debemos ingerir de forma más constante para evitar deshidratación por los efectos del calor y la humedad, y que deben componerse sobre todo de agua.
Lo que ocurre es que, con el aumento de la temperatura ambiente, aumenta la sudoración corporal, nuestro cuerpo pierde así más agua y, por tanto, debemos mantener nuestras reservas al nivel óptimo bebiendo más agua.
¿Qué puede ocurrir si no lo hacemos? Según los expertos, existen dos tipos básicos de deshidratación: en un primer nivel, el leve, podemos sentir un pequeño dolor de cabeza; en el segundo, el más severo, cómo aumenta nuestro cansancio, la sensación de sueño y, en ocasiones, ligeros mareos y náuseas.
Lo que debemos hacer para evitar estos problemas es, pues, ingerir las cantidades de agua recomendadas (unos dos litros diarios), de forma espaciada y, siempre, optando también por desplazarnos a lugares más frescos durante los momentos más calurosos o llevar siempre con nosotros un abanico por si nos sobreviene un golpe de calor. ¡Prevenir es curar!



